mitos y verdades

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MITO. "El síndrome de Down es una enfermedad y las personas con síndrome de Down están enfermas"

REALIDAD. El síndrome de Down, como tal, no es una enfermedad, dado que no implica sufrimiento personal ni afecta al bienestar de la persona. Nunca podremos asegurar que una persona con síndrome de Down, si recibe la atención y los apoyos necesarios, tiene una vida menos plena o es menos feliz que si no tuviera síndrome de Down. En general, las personas con síndrome de Down gozan de buena salud, tanto física como mental, aunque es cierto que, especialmente en los primeros años de vida, los niños y niñas con síndrome de Down son más susceptibles de sufrir determinadas patologías.

MITO. "Existen diferentes grados de síndrome de Down más leves y más graves"

REALIDAD. El síndrome de Down es debido a la presencia de un cromosoma 21 extra en las células de una persona, por lo tanto no existen diferentes grados de síndrome de Down, simplemente se tiene o no se tiene [el cromosoma 21 extra]. Ocurre que entre las personas con síndrome de Down existe la misma variabilidad que en el resto de la población: cada persona con síndrome de Down tiene unas características físicas, unas capacidades y una personalidad propias en función de la herencia genética recibida de sus padres y de los factores ambientales y educativos.

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MITO. "Las personas con síndrome de Down son siempre niños y se comportan como tales"

REALIDAD. Las personas con síndrome de Down tienen un desarrollo personal igual que el resto de la población y pasan por las diferentes etapas de desarrollo: niñez, adolescencia, juventud, adultez y vejez. El desarrollo personal no está ligado a las dificultades de aprendizaje. Es erróneo e injusto considerar y tratar a las personas adultas con síndrome de Down como a niños.

MITO. Las personas con síndrome de Down tienen una discapacidad intelectual grave o muy grave

REALIDAD. La mayoría de las personas con síndrome de Down tienen una discapacidad intelectual de grado ligero o moderado que les permite aprender a cuidarse de sí mismos, leer, escribir, manejar el dinero, hacer deporte, realizar trabajo productivo, participar en la vida ciudadana,… y, sobre todo, seguir aprendiendo porque la capacidad de aprender persistirá toda la vida.

MITO. Existe una predisposición genética a tener hijos o hijas con síndrome de Down

REALIDAD. En el 99 % de casos el síndrome de Down se produce de manera completamente aleatoria y no está demostrada la existencia de algún factor genético que predisponga a tener un hijo o hija con síndrome de Down. Únicamente en algunos casos de síndrome de Down por translocación existe un componente genético en la transmisión del síndrome de Down, pero esto ocurre en menos del 1% de todos los casos. El síndrome de Down ocurre en todas las razas, culturas y estamentos sociales. Todo el mundo puede concebir y tener un hijo con síndrome de Down.

MITO. El síndrome de Down se produce como consecuencia de malos hábitos de la madre durante el embarazo

REALIDAD. Nada de lo que los padres de una persona con síndrome de Down hicieron o dejaron de hacer antes o después de la concepción de su hijo/a es la causa del síndrome de Down. No hay culpables. El único factor demostrado que aumenta el riesgo de tener un hijo/a con síndrome de Down es la edad de la madre, especialmente a partir de los 35 años.

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MITO: "El  TEA es una enfermedad"

REALIDAD: El TEA no es una enfermedad que se contagie o que pueda contraerse en un momento determinado de la vida, sino que es un trastorno del neurodesarrollo, relacionado con funciones vinculadas a la maduración del sistema nervioso central, que acompaña a la persona durante toda su vida (aunque sus manifestaciones y necesidades cambian según las distintas etapas del desarrollo).

MITO: "Las vacunas pueden causar autismo"

REALIDAD: Actualmente se desconoce una causa única que explique la aparición del TEA, si bien es cierto que influyen distintos factores genéticos y ambientales aún sin identificar, no existe evidencia alguna que relacione la vacunación con el desarrollo del TEA. Este mito, que es “un bulo” -según recuerda Autismo España-, “procede de estudios que se han demostrado fraudulentos y tras los que había fuertes intereses económicos”.

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MITO. "El autismo se cura"

REALIDAD: Se curan y se previenen las enfermedades, y el TEA no es una enfermedad. A través de un programa de intervención terapéutica integral la evolución puede ser muy favorable, pero si el diagnóstico cambia con la edad, con la alimentación y los cambios de dieta, etc., entonces no era TEA.

MITO: El autismo lleva asociado rasgos físicos diferenciadores

REALIDAD. La mayoría de las personas con síndrome de Down tienen una discapacidad intelectual de grado ligero o moderado que les permite aprender a cuidarse de sí mismos, leer, escribir, manejar el dinero, hacer deporte, realizar trabajo productivo, participar en la vida ciudadana,… y, sobre todo, seguir aprendiendo porque la capacidad de aprender persistirá toda la vida.

MITO: Las personas con autismo son incapaces de sentir o expresar emociones, afecto o empatía.

REALIDAD: Las personas con TEA procesan la información de manera diferente, incluida la emocional. Los aprendizajes socioemocionales que las personas “neurotípicas” adquirimos de manera automática e implícita, las personas con TEA precisan aprenderlo de manera más explícita y racional. De esta manera, son capaces de identificar y comprender los estados mentales y sentimientos del otro (teoría de la mente) y actuar acorde a ellos, así como de poner nombre y expresar los suyos propios.

MITO. Las personas con TEA no se comunican.

REALIDAD: Todas las personas con TEA se comunican, pero no todas lo hacen de la misma manera. Además, puede que no empleen el lenguaje verbal, sino otras formas de comunicación para las que precisan apoyos y recursos, como Sistemas Alternativos o Aumentativos de Comunicación.